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No es de extrañar que [los jóvenes] no puedan apreciar el chiste que hay en el centro mismo de Kafka: [...] nuestro viaje interminable e imposible hacia el hogar es de hecho nuestro hogar. Es difícil de explicar cuando uno está delante de una pizarra, créanme, pero se les puede decir a los alumnos que quizás sea bueno que no pillen a Kafka.
Se les puede pedir que imaginen que sus relatos tratan todos de una especie de puerta. Que nos imaginemos acercándonos y llamando a esa puerta, cada vez más fuerte, llamando y llamando, no solo deseando que nos dejen entrar, sino también necesitándolo; no sabemos qué es pero lo sentimos, esa desesperación total por entrar, por llamar y dar porrazos y patadas. Y que por fin la puerta se abre... y se abre hacia fuera: que durante todo el tiempo ya estábamos dentro de lo que queríamos.
David Foster Wallace, de su conferencia Algunos comentarios sobre lo gracioso que es Kafka. Recogido en Harper´s.
Proyecto de relato. Dos escritores, que viven en dos chalets en vertientes opuestas del valle, se observan recíprocamente. Uno de ellos suele escribir por la mañana, el otro por la tarde. Mañana y tarde, el escritor que no escribe asesta el catalejo sobre el que escribe.
Uno de los dos es un escritor productivo, el otro es un escritor atormentado. El escritor atormentado mira al productivo llenar folios de líneas uniformes, al manuscrito crecer en una pila de folios ordenados. Dentro de poco el libro estará terminado: con seguridad una novela de éxito -piensa el escritor atormentado con cierto desdén, pero también con envidia-. Él considera al escritor productivo nada más que un hábil artesano capaz de sacar a la luz novelas en serie para secundar el gusto del público, pero no puede reprimir una intensa sensación de envidia de aquel hombre que se expresa a sí mismo con tan metódica seguridad. [...] El escritor atormentado pagaría quién sabe cuánto por parecerse al escritor productivo; quisiera tomarlo de modelo; su máxima aspiración es ser ya como él.
El escritor productivo observa al escritor atormentado mientras este se sienta a su escritorio, se come las uñas, se rasca, rompe un folio, se levanta para ir a la cocina a hacerse un café, después un té, después una manzanilla, después lee una poesía de Hölderlin (cuando está claro que Hölderlin no tiene nada que ver con lo que está escribiendo), recopia una página ya escrita y luego la tacha toda línea tras línea, telefonea a la tintorería (cuando habían quedado que los pantalones azules no podrían estar listos antes del jueves), luego escribe unas notas que le valdrán no ahora pero acaso después, luego va a consultar a la enciclopedia la voz Tasmania (cuando está claro que en lo que escribe no hay la menor alusión a Tasmania), rompe dos folios, pone un disco de Ravel. Al escritor productivo nunca le han gustado las novelas del escritor atormentado; al leerlas le parece estar siempre a punto de alcanzar la clave decisiva, pero esa clave se le escapa y le queda una sensación de malestar. Pero ahora que le ve escribir le parece que ese hombre está luchando con algo oscuro, una maraña, un camino que hay que excavar sin saber a dónde lleva. A veces le parece verlo caminar por una cuerda colgada sobre el vacío y se siente presa de un sentimiento de admiración. No solo admiración, también envidia, porque siente cuán limitado y superficial es su propio trabajo en comparación con lo que el escritor atormentado está buscando.
En la terraza de un chalet del valle, una joven toma el sol leyendo un libro. Los dos escritores la miran con el catalejo."¡Qué absorta está, con el aliento entrecortado! ¡Con qué gesto vuelve las páginas! -piensa el escritor atormentado-. ¡Seguro que lee una novela de gran efecto, como las del escritor productivo!" "¡Qué absorta está, casi transfigurada en la meditación, como si viese revelarse una verdad misteriosa! - piensa el escritor productivo- ¡Seguro que lee un libro cargado de significados ocultos, como los del escritor atormentado!"
El mayor deseo del escritor atormentado sería ser leído como lee aquella joven. Se pone a escribir una novela como piensa que la escribiría el escritor productivo. Mientras tanto, el mayor deseo del escritor productivo sería ser leído como lee aquella joven. Se pone a escribir una novela como la escribiría el escritor atormentado.
Primero un escritor y luego el otro abordan a la joven. Ambos le dicen que quieren dejarle a leer las novelas que acaban de escribir.
La joven recibe los dos manuscritos. Unos días después invita a los autores a su casa, juntos, con gran sorpresa.
- Pero ¿Qué broma es esta?- les dice- ¡me han dado dos ejemplares de la misma novela!
O bien:
La joven confunde los dos manuscritos. Devuelve al productivo la novela del atormentado escrita a la manera del productivo, y al atormentado la novela del productivo escrita a la manera del atormentado. Ambos, al verse imitados, tienen una violenta reacción y recobran la propia vena.
O bien:
Un golpe de viento descompagina los dos manuscritos. La lectora trata de ordenarlos de nuevo. Sale una única novela, bellísima, que los críticos no saben a quién atribuir. Es la novela que tanto el escritor productivo como el atormentado habían soñado siempre con escribir.
O bien:
La joven había sido siempre una apasionada lectora del escritor productivo y detestaba al escritor atormentado. Al leer la nueva novela del escritor productivo la encuentra falsa, y comprende que todo lo que había escrito antes era falso también.En cambio, al recordar las palabras del escritor atormentado, las encuentra ahora bellísimas y no ve la hora de leer su nueva novela. Pero encuentra algo completamente distinto a lo que esperaba y lo manda al diablo a él también.
O bien:
Ídem sustituyendo "productivo" por "atormentado" y "atormentado" por "productivo"
O bien:
La joven había etc. etc. lectora del productivo y detestaba al atormentado. Al leer la nueva novela del prodcutivo no se da cuenta de que algo ha cambiado: le gusta sin especial entusiasmo. En cuanto al manuscrito del atormentado, lo encuentra insípido como todo lo demás de este autor. Responde a los dos escritores con frases genéricas. Ambos se convencen de que no debe ser una lectora muy atenta y no la vuelven a hacer caso.
O bien:
Ídem sustituyendo etc.
Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero Ed. Siruela 2002
¿Puede un hombre de 78 años, aislado en mitad de la campiña inglesa, enfermo y completamente contrario al uso de la red ser el visonario que mejor ha comprendido la evolución del hombre y la tecnología del siglo XX? Puede, y se llama J.G. Ballard.
Influido por el surrealismo y la teoría del psicoanálisis, Ballard eligió el molde de la ciencia ficción para hablar de la soledad del hombre moderno, de la vida urbana y de la sexualidad desde una perspectiva humana y visionaria. Concebidas como enormes metáforas, sus tramas de futuros distópicos se adelantan en medio siglo a las predicciones sobre el cambio climático, la violencia juvenil a lo Columbine y el terrorismo global. Esto, que tiene el mérito de lo inquietante (¿cómo pudo saber en 1950 lo que iba a abrir los telediarios a principios del siglo XXI?), también podría jugar en su contra a día de hoy (¿qué me va a contar a mí sobre bombas en aeropuertos un abuelete que ya eran viejo cuando la tele tenía solo dos canales?), si no fuera por la habilidad de Ballard para mostrar tanto el desastre como al hombre que se mueve en él. Que esos hombres hayamos acabado siendo nosotros es la clase de cosa que te hace subir un escalofrío por la espalda.
Tan importante como su obra fantástica (y posiblemente más famosa) es su obra autobiográfica, con la impresionante El imperio del sol a la cabeza. El imperio del sol cuenta la infancia del autor durante la II Guerra Mundial mientras estuvo prisionero en un campo de refugiados japonés, y aún tomándose licencias de lo más flagrantes, la durísima historia del niño inglés fascinado por los P-51 y el coraje kamikaze es la historia del joven Ballard.
En España, el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona ha inaugurado esta semana una completísima exposición de la obra de Ballard casi a la vez que la editorial Minotauro empieza la reedición de casi toda su producción. Y aunque no toda es recomendable a ciegas (por problemas de comprensión, contextualización y porque algunas directamente pueden ser de lo menos apropiadas para adolescentes), Mundo sumergido y El imperio del sol están disponibles después de varios años descatalogadas.
Con la llegada de la televisión, la industria del cine tuvo que buscarse la vida para ofrecer a los espectadores una razón suficiente para salir a la calle a ver lo que podían ver ya gratis en la comodidad de sus casas. Los años 50 son una década demencial rica en productos de serie B rebosantes de clase y maneras (Yo fui un hombre lobo adolescente, La invasión de los ladrones de cuerpos, El hombre con rayos X en los ojos... ¿pero qué demonios le ha pasado a la industria del cine los últimos cincuenta años? ¿en qué momento se salió del buen camino?) así como de ingeniosos gimnicks que intentaban hacer de la experiencia de ir al cine una actividad mucho más interactiva y completa. Gafas de 3D, pantallas panorámicas, regalar seguros de vida universales por si los espectadores de los autocines no conseguían sobrevivir al susto de la segunda bobina, dejar caer sobre el público esqueletos de goma en los momentos clave, odoramas... y "percepto".
William Castle fue un director y showman que anticipó a Roger Corman al producir películas de terror de bajísimo presupuesto, rodadas en fines de semana y con trucos chuscos para implicar al espectador durante la proyección. Con su retórica a lo P.T. Barnum y cierto espíritu de maestro de pista de feria ambulante, Castle afrontaba los rodajes como una parte secundaria de la experiencia global de IR AL CINE, donde lo gordo de verdad sucedería en el patio de butacas, con actores disfrazados que interrumpían la proyección para anunciar ataques rusos, invasiones extraterrestres o catástrofes nucleares de setenta pies. Todo lo que se viera en pantalla iba al servicio de lo que pasara entre los asientos, y no al revés.
Lo cuenta David J. Skal en el algo mediocre pero con momentos Monster Show: una historia cultural del horror, que acaba de sacar Valdemar:
The tingler estaba construido en torno a otro sensacional truco de Castle, el "percepto". El tingler es una criatura imaginaria similar a un ciempiés que puede fundirse con la espina dorsal del ser humano en momentos de miedo abrumador. Sólo un grito puede disiparlo.
Un hilo argumental algo confuso, con una mujer sordomuda que evidentemente no puede gritar, permite que un tingler se separe de su cadáver y corra hacia el público. En el momento culminante, la propia película parece saltar del proyector y romperse mientras la sombra del tingler aparece proyectada en la pantalla como si el monstruo pasase por delante del foco. La voz de Vincent Price anima al público a gritar por su vida, en ese momento el cine queda completamente a oscuras y se pone en marcha el percepto.
Percepto no es otra cosa que una serie de vibradores eléctricos unidos a la parte inferior de las butacas que "cosquillearían" a los desprevenidos espectadores. [...] Los trucos de las películas de horror otorgaron al público un necesario sentimiento de contacto, relación y reconocimiento. La sensación dominante era la piel de gallina, pero al menos era una sensación.
Absolutamente desconocido para la gran mayoría del público occidental, Syuzmultfilm es uno de los estudios de animación más arriesgados y visionarios que ha habido jamás en Europa.
Fundado en los años 30, produjo la mayor parte de los cortos y animaciones de la antigua URSS y su influencia se puede rastrear hoy en productos tan distintos como Bob Esponja o Legend of Zelda: Phantom hourglass.
Debido a las características de la economía comunista y a la nula competencia, Syuzmultfilm pudo permitirse experimentos que para un estudio americano o japonés hubieran supuesto un suicidio comercial. Así, la mayoría de los cortos son adaptaciones de cuentos infantiles, sin casi violencia pero a menudo profundamente perturbadores, con técnicas que van del collage a las témperas y tramas que suelen incluir viajes, aventuras y elementos mágicos, todo con una honestidad inimagible hoy en un producto infantil (que no sea Pocoyó).
Mis cortos favoritos de la productora son las adaptaciones que hicieron de Winnie Pooh: Винни-Пух. Vinnie Pookh, con la voz del tremendísimo Genia Leonov, es un personaje mucho más aventurero (y también algo más pocho) que el de la versión Disney, más parecido al original de A.A. Milne. Tuvo un éxito espectacular entre los niños rusos y, sí, no tiene piernas.
Pero su amigo cerdo va armado, así que pocas bromas.
Estrenada en los teatros off-Broadway durante el 2003, Avenue Q es una de las propuestas más arriesgadas y vanguardistas del teatro americano moderno.
Protagonizada principalmente por marionetas, Avenue Q cuenta la historia de un grupo de muñecos treintañeros que vive en el mismo bloque de un barrio suburbial. Kate Monster es una profesora suplente que sueña con abrir su propia guardería para monstruos y encontrar el amor verdadero, Nicky y Rod viven juntos desde hace años en una relación cada vez más tirante y llena de sobreentendidos mientras que Trekkie, hermano mayor del Monstruo de las Galletas, es un encantador monstruo con una terrible adicción al porno on-line
La obra es un homenaje claro a Barrio Sésamo (personajes paralelos, números musicales similares, la misma estructura en los sketches) que se permite hablar de temas como los problemas de los emigrantes, la homosexualidad y la pobreza sin que el comentario político le haga renunciar al humor grueso. Pero grueso, grueso
Pese a su vocación de obra alternativa y pequeña, Avenue Q arrasó en los premios Tony de aquel año, consiguiendo los correspondientes a Mejor Musical y Mejor Libreto. Desde entonces su éxito no ha hecho más que crecer, llegando a participar los personajes en programas de televisión en horario de máxima audiencia e incluso a representar un debate presidencial paralelo en mitad de Times Square durante las elecciones del 2004
Sólo decir que el juego es aún más espectacular de lo que parece en el vídeo.
Aquellos que estéis empezando a pensar que habéis tirado el dinero al comprar vuestra PS3.. bueno, probablemente tenéis razón. Pero tambien tenéis Echochrome.
Pensado originalmente como un proyecto teatral de bajo presupuesto, Richard O´Brien consiguió de alguna manera engañar a los ejecutivos de Fox para que produjeran una versión cinematrográfica de RHPS.
Con un presupuesto ínfimo (atención a los primeros planos, a los sucios trucos de colocar la cámara angulada, a los escenarios vacíos y al atrezzo casposo), actores sin experiencia y unos efectos especiales hechos a partir de celuloide caducado, la película venía a desarrollar de manera bastante fiel el argumento original.
Que venía a ser esto:
Brad Majors y Janet Weiss son dos jóvenes conservadores, novios de toda la vida, que acaban de decidirse a atar el lazo de una vez por todas.
De regreso a su casa después de la boda de unos amigos, su coche se avería y deciden acercarse a pedir ayuda al tenebroso castillo que ven a lo lejos. Pero hete aquí que ese castillo es el hogar del Dr. Frank-N-Further, un científico loco alienígena y travesti que en su búsqueda del secreto de la existencia ha decidido construir al Hombre Perfecto: Rocky. Con ayuda de sus criados Riff-Raff y Magenta, secuestra moteros para extirparles el cerebro y utilizarlos para sus sacrílegos planes.
Lo que viene a partir de aquí entra en el terreno del spoiler más absoluto y eso no gusta nada ni en esta página ni en el aula. Dejémoslo en investigaciones criminales, una invasión alienígena, zombies redivivos, mucho enredo en la línea "escóndete en el armario mientras guardo el rayo mortal y que no te vea mi marido mientras" y un final devastador de lo más inesperado. Con canción melódica entre medias.
Qué demonios, aquí va otro de los números musicales. Si las palabras motero zombie que quiere recuperar su cerebro no os electrizan es que estáis todos muertos:
Como os habréis imaginado, con semejante trama, unos medios de derribo y la ambigüedad sexual como tema de fondo la película fue un fracaso cantado y atronador. Durante unos meses.
Al año siguiente de su estreno, unos exhibidores de New York pasaron la película en sesiones de madrugada. La gente empezó a acudir al cine, y lo que es más importante, volvía. Con sus amigos.
Poco a poco la noticia de que había una peli loca en los cines de sesión golfa que HABÍA QUE VER se extendió por la ciudad y la gente empezó a ir a los pases disfrazada de los personajes. Y luego, una noche, saltaron a la platea a bailar los números musicales, a recitar los diálogos...
En un mundo con Youtube, cosplay y estrenos con frikis vestidos con pijamas de Chewbacca cuesta entender el bombazo del RHPS, que sigue exhibiéndose ininterrumpidamente desde 1976 y donde están las claves de muchos de los fenómenos que he mencionado antes. Sin ánimo de profundizar, digamos que los fans han hecho de participar en la película una liturgia, y así:
* Hay que reventar un globo cuando los lábios de los créditos digan: "but when worlds collide"
* Tirar arroz cuando los novios salgan de la iglesia
* Cuando Brad y Janet salen del coche bajo la tormenta hay que cubrirse la cabeza con un periódico y disparar pistolas de agua a los otros espectadores
* Cuando Brad y Janet cantan "There´s a light" hay que encender linternas y apuntar a la gente.
* Cuando Frank explica su plan hay que soplar matasuegras y agitar carracas.
* Cuando Frank presenta a Rocky hay que ponerse guantes de goma y estrujarlos.
* Cuando Rocky y Frank van a la suite nupcial hay que tirar confetti.
* Cuando Brad grita "¡Gran Scott!!" hay que lanzar rollos de papel higiénico por todo el cine.
* Cuando los personajes cantan a Rocky "cumpleaños feliz" hay que ponerse gorro de fiesta. Y cantar, claro
* Cuando Frank canta "Did you hear a ring?" hay que tocar una campana.
* Hay que lanzar cartas al aire cuando Frank canta "I´m going home"
Y sobe todo hay que escuchar esta cancionzaca de los títulos de crédito. Una obra de amor a la ciencia ficción y a la serie B que pone los pelos de punta y que hace que a uno le entre la risa cuando oye que una cosa tan para madres como Los Simpson es una serie de culto. Sí, ya.
Cercano al surrealismo en resultados pero con objetivos muchísimo más abstractos, Escher es uno de los artistas gráficos más influyentes del siglo XX.
Obsesionado por el infinito y las secuencias autogenerativas, con un fuerte componente matemático en la base, es fácil encontrar su influencia en autores del último tramo del siglo XX que estamos viendo en el aula.
Aquellos que siempre se quejan de no encontrar nunca un trabajo para subir nota, ya saben. Os podéis ir mirando esto hasta que pilléis el concepto: