21 posts tagged “literatura”
Le pedimos a la industria del entretenimiento que nos enseñe las lecciones que queremos que el mundo aprenda, y a veces lo hace. Pero ese no es su fuerte. Es un profesor descuidado y puede que nos aburra o pierda nuestra confianza si pretende solo instruirnos.
El auténtico valor del entretenimiento comercial, desde las películas y libros más exigentes a los videojuegos más simples, es que nos ofrece fantasía. Al contarnos relatos apasionados y libres de las trabas que todos tenemos sobre lo que se supone que deberíamos ser, podemos sentir emociones que la realidad no nos ofrece. Nos da un descanso en el que estamos libres de la presión de tener que ser siempre buenos. Y perdernos en toda esa pasión, en esa violencia, nos ayuda a afrontar nuestras imperfecciones personales y las del mundo que nos rodea. Compartir con millones de personas esas pasiones gracias al entretenimiento de masas nos confirma que los demás tampoco son perfectos [...]
El mayor poder del entretenimiento comercial siempre ha sido ofrecer a la gente precisamente lo que nuestro yo más elevado nos dice que no podemos tener. Llena las brechas emocionales que hay entre nuestros ideales y nuestra realidad.
Gerard Jones, escritor y experto en educación juvenil, de su libro Matando monstruos: por qué los niños necesitan fantasía, superhéroes y violencia imaginaria.
Tras un breve y justificado parón (¡Dead Space! ¡la segunda temporada de The Shield! ¡ni se os ocurra juzgarme!), Demasiada Información reabre sus puertas con más ejercicios, más literatura escondida a plena vista y, sobre todo, más recomendaciones. Porque es Navidad y en Navidad se regala.
* Canción de Navidad (Charles Dickens, Alfaguara): el modelo de narración navideña desde hace ya más de cien años
y seguramente la primera fábula moral para niños construída sobre principios socio-económicos. La historia de los tres fantasmas y el rácano Scrooge que descubre a la vez el verdadero significado de la Navidad y del capitalismo (al menos de la visión de Dickens de lo que debía ser el capitalismo) es tan directa y eficaz que apenas ha sufrido cambios en las millón mil millones de adaptaciones que ha tenido desde su aparición en 1843.
Y ya que nos ponemos en adaptaciones, esta obra las ha tenido excelentes. En esta casa somos muy fans de la que junta a los teleñecos con Michael Caine en el papel de avaro burgués. Repito: Michael Caine y los teleñecos. Juntos. ¿Cómo pudo tanto talento coincidir en un mismo sitio? ¿No estalló nada?* Las ovejas de Glennkill (Leonie Swann, Salamandra): un rebaño de ovejas de un pequeño pueblo escocés decide investigar el asesinato de su pastor cuando... esperad un momento... ¡ovejas investigando un asesinato! ¿qué más quieres? ¡deja de leer esto ahora mismo y sal corriendo a comprar este libro! Bien, las ovejas son en general más bien lentas y olvidan los detalles, así que confían en Miss Mapple, la oveja más anciana y sabia del lugar, para almacenar las pistas y luego interpretarlas. El primer sospechoso de Miss Mapple: Dios. Y si después de leer esta última línea el libro no aparece inmediatamente en tu lista de regalos de Reyes es que NO sabes hacer una lista de regalos de Reyes.
* Relatos inquietantes para chicos valientes (varios autores, Valdemar): las antologías de Valdemar son una verdadera demostración de cómo afrontar la recopilación de textos: libros contundentes, completos y variados donde el material se combina con coherencia para que todos los relatos vayan en la misma dirección. Relatos inquietantes recoge cuentos cortos de los pesos pesados de la literatura anglosajona de los siglos XIX y XX, y que quede muy claro que lo de "inquietante" del título no se dice por decir.
Y asumiendo que es ya tarde para desear feliz Navidad... pues qué menos que desear un feliz 2009. Disfrutadlo a tope, pero no tanto como yo. Os haríais daño.
En plena implosión de webs personales, facebooks cabizbajos y fotologs donde siempre se ven mesas con más botellas que gente sentada a ellas, apareció el año pasado Twitter, un sistema de microblogging donde el emisor debe desarrollar un mensaje completo en un máximo de 140 caracteres. Dicho de otra manera, el párrafo que acabas de leer ocuparía ya dos envíos, y esta explicación otro más.
Twitter exige del usuario capacidad de síntesis y una cierta mano para la poesía. Precisamente porque el espacio es limitado, el contenido pide un grado de sofisticación y complejidad: se trata de reducir la extensión sin renunciar a la enjundia, concentrar los significados haciendo que cada palabra cuente y luego ya deshacerse de lo que sobra. En ese sentido lo de Twitter no es nuevo, y es casi demasiado fácil sacar una relación directa con la poesía Hai-ku, el Simbolismo francés y las greguerías vanguardistas. También es cierto que Noel Ceballos nunca ha escrito Hai-kus, así que Twitter 1, Poesía clásica japonesa 0.
Aunque al menos en España no ha tenido la pegada de otras plantillas on-line, sus usuarios forman una comunidad comprometida y muy organizada. Es frecuente encontrar eventos transmitidos a tiempo real vía Twitter, como la ceremonia de los Oscar del año pasado en el Emperador de los Helados o los debates presidenciales tanto de Rajoy/Zapatero como de Obama/McCain. La inmediatez y el uso habitual de códigos hace que esté en la lista de la CIA de programas susceptibles de ser utilizados como herramienta de espionaje por organizaciones terroristas como entre las aplicaciones que manejan los corresponsales de guerra.
Bienvenidos todos a la Primera Semana Especial de Halloween en Demasiada Información. Durante los
próximos cinco días, desde hoy hasta el gran fin de fiesta del día 31, este vuestro blog irá dejando caer textos, ejercicios, recomendaciones locas y vídeos para celebrar el día más definitivamente guay del año con el rigor y criterio que se merece. Y sí, siempre serán textos breves, que estamos de cierrre en las revistas, pero, eh, tengo alumnos que se acojonaron leyendo La tejedora de la muerte. Siento que DEBO hacer esto.Hoy: recomendaciones.
Monográficos:
El cine de terror contemporáneo, Pedro Berruezo/John Tones. (La factoría) Teóricamente agotado pero fácil de encontrar en librerías de cómic y mercadillos, es el ensayo más lúcido, completo y desprejuiciado que se ha escrito en este país sobre cine de terror pocho. Corto y contundente, rastrea las fuentes de los monstruos modernos donde hay que buscarlas: en los cómics, la literatura pulp y la serie B. Un libro de cine de terror que cree en sí mismo.
Danza macabra, Stephen King (Valdemar) El libro más poderoso y sugerente de Stephen King no es una novela. Danza macabra profundiza en una pregunta bastante difícil de responder: ¿qué hay dentro de la gente que la hace poner dinero dinero encima de la mesa para pasar miedo durante un par de horas? ¿qué es eso que tanto nos asusta en la vida como nos atrae en el arte? King repasa la Historia del terror durante el siglo XX y de paso recomienda algunas de las ficciones más perturbadoras que se han parido en los últimos cien años. Seiscientas paginazas que se leen como si fueran... er... quinientas seteintaicinco.
Monstruos al final del milenio Sara Martín (Alberto Santos) Denso y quizás demasiado ambicioso, Monstruos al final del milenio pega un buen repaso a los grandes iconos monstruosos del cine, los cómics y la cultura pop. Que meta en el mismo saco (o casi) a Richard Nixon, Drácula y la versión Disney del Jorobado de Notre Dame puede chocar de entrada, pero acaba teniendo mucho sentido.
Ficción:
Soy leyenda Richard Matheson (Minotauro). Olvida esa cosa horrible con Will Smith y su perro, Soy leyenda es el libro más terrorífico y desasosegante que escribió uno de los escritores más tétricos y podridos que ha dado nunca el género. La enloquecida odisea existencial del último hombre vivo, enfrentado a una legión de vampiros que aún está aprendiendo a conocerse. El final del libro es un puñetazo en lo más sensible de tu humanidad, léelo con las defensas altas.
Zombi: guía de supervivencia Max Brooks (Berenice) da exactamente lo que promete, un catálogo de cosas que hacer y no hacer ante una cada vez más cercana y menos conspiranoica invasión de no-muertos. Aunque se queda corta ante la gigantesca Guerra mundial Z, Zombi es un libro para conocedores de los muertos vivientes que no se limita al guiño-guiño/codazo-codazo entre frikis del subgénero. Hay chicha, y, como dicen en el Focoforo, gana si se lee como si en lugar de un libro encuadernado se leyeran un puñado de fotocopias grasientas, ilustradas a mano, que un amigo te ha pasado después de imprimirlas de una web medio pirata.
Batman: Arkham Dan Slott y Ryan Sook [colección Arkham 12] Planeta. Warren White finge un rapto de locura para esquivar la cárcel y pasar su condena por fraude fiscal en un manicomio. Claro que, si vives en Gotham, una temporada en el asilo Arkham podría ser el peor de los castigos. Dan Slott, el guionista revelación del 2007, escribe una historia sórdida, llena de esas ironías terribles de los viejos cómics de la EC, donde personajes tan desgastados como Batman, Dos Caras o el Ventrílocuo parecen casi como de nuevo cuño. Atención a las portadazas de Eric Powell y al destino de la abuela de Humpty Dumpty. Urg...
Monólogos cómicos en el teatro se han venido haciendo de toda la vida. Desde los juglares medievales que trabajaban en plena calle a las loas del Siglo de Oro, los monólogos habían tenido siempre la misma función: presentar el espectáculo oficial y calentar a los espectadores para que respondieran cuando llegara el plato fuerte.
La clave del monólogo estaba en ser rápido e inmediato. Los textos debían ser ágiles, comprensibles por cualquiera, de temática costumbrista (preferiblemente sexual) y, lo más importante, tenían que estar al servicio de lo que fuera que viniese a continuación. Los monólogos no se escribían para ser recordados ni se esperaba de ellos ningún valor artístico. Si a los productores teatrales de la época se les hubiera ocurrido una manera más eficaz de sentar a los espectadores que llegan tarde sin renunciar a cobrarles la entrada o interrumpir la obra principal,probablemente el género no hubiera nacido nunca.
El monólogo cómico, como género considerado menor, creció en los circuitos alternativos a medida que el teatro ganaba en importancia. Poco a poco empezaron a utilizarse en espectáculos de variedades, vodevil y ferias ambulantes, y ahí pareció que se perdía la última oportunidad de que pudiera llegar a ser considerado algún día valioso por sí mismo.
Desde los años 60, los programas nocturnos de la televisión americana empezaron a nutrirse de cómicos para llenar los espacios entre las entrevistas y los números musicales. El éxito de los monólogos llevó a que los actores fueran cada vez más conocidos y valorados, además de a la creación de un circuito específico para el género en bares, teatros y casinos. De estos programas salieron algunos de los cómicos americanos clave del siglo XX, como Lenny Bruce y Woody Allen.
A día de hoy, y gracias sobre todo al éxito de Saturday Night Live, los monólogos son un género de éxito aunque aún no hayan tenido el reconocimiento cultural que se merecen. La fórmula stand-up, costumbrista pero con un punto surreal y que exige del actor un control meridiano del ritmo y el gesto, tampoco ha acabado de ser entendida en España, con experimentos como Buenafuente que están más cerca del aburrimiento con chistes que de la verdadera comedia.
Lo que tampoco quiere decir que no se esté haciendo nada.
El metalenguaje consiste en utilizar un código (que puede ser la escritura, el cine, la música... cualquier sistema con sus propios mecanismos y reglas) para hablar, reflexionar o ironizar sobre ese mismo código.
A veces se trata de ejercicios tan sencillos como cuentos que tratan sobre tipos que quieren escribir cuentos, o películas sobre las dificultades a las que se enfrenta la gente que hace películas. La gracia de estas historias está en el juego de espejos y en los guiños entrecruzados, como pasa por ejemplo en Tropic Thunder: una peli sobre un grupo de actores que se pierde en mitad de la guerra creyendo que forma parte del rodaje en el que participan. En definitiva, actores que interpretan a actores que creen que interpretan personajes.
Otras veces los juegos metalingüísiticos son más sofisticados al centrarse en los recursos expresivos de los medios a los que se refieren. Por ejemplo, el que descubrió Nacho Vigalondo sobre los ovnis en San Andreas. Algunos jugadores vuelven del desierto de San Andreas jurando por lo más sagrado que han visto objetos extraños moviéndose en el cielo, luces parpadeantes similares a las que la gente graba desde hace décadas en los desiertos de Nevada y Arizona (que con sus áreas militares secretas y sus cadáveres de mafiosos enterrados hasta hacer isla son los modelos evidentes). Con el paso del tiempo los rumores han ido a más en lugar de apagarse, y ahora se habla también de la presencia de Jason Voorhouse, el monstruo del lago Ness, Leatherface e incluso el fantasma de la madre de CJ.
Como en las grabaciones de avistamientos en la vida real, la clave de la verosimiltud de estos vídeos pasa por el cutrerío atroz: es tan pocho que solo puede ser cierto. Los jugadores plantan videocámaras delante del monitor para demostrar sus descubrimientos, con lo que la brevedad, el sonido ambiente, los marcadores en pantalla y la cámara desenfocada juegan exactamente el mismo papel de prueba documental que llevan jugando años en los vídeos de avistamientos. De nuevo como en esos vídeos, la gente se ampara en esos elementos caseros e improvisados tanto para defender como para desacreditar la verdad de la grabación.
La clave de estos vídeos, sean fakes, mods o desbloqueables, es el ejercicio metalingüístico, la imitación de un código para reconstruirlo. Frente a la intertextualidad, que vuelve sobre los contenidos, el metalenguaje imita la forma: la retuerce hasta obligarla a mirarse a sí misma.
No es de extrañar que [los jóvenes] no puedan apreciar el chiste que hay en el centro mismo de Kafka: [...] nuestro viaje interminable e imposible hacia el hogar es de hecho nuestro hogar. Es difícil de explicar cuando uno está delante de una pizarra, créanme, pero se les puede decir a los alumnos que quizás sea bueno que no pillen a Kafka.
Se les puede pedir que imaginen que sus relatos tratan todos de una especie de puerta. Que nos imaginemos acercándonos y llamando a esa puerta, cada vez más fuerte, llamando y llamando, no solo deseando que nos dejen entrar, sino también necesitándolo; no sabemos qué es pero lo sentimos, esa desesperación total por entrar, por llamar y dar porrazos y patadas. Y que por fin la puerta se abre... y se abre hacia fuera: que durante todo el tiempo ya estábamos dentro de lo que queríamos.
David Foster Wallace, de su conferencia Algunos comentarios sobre lo gracioso que es Kafka. Recogido en Harper´s.
Metáfora: sustitución de un término por otro por con el que se intuye alguna relación de sentido.
En la metáfora tradicional esa relación es perceptible, en la visionaria es completamente irracional.
Tipos (siendo A lo real y B lo metafórico):
A es B: Nuestras vidas son los ríos.
B es A: Del otro lado donde el vacío es luna.
A de B: Los suspiros se escapan de su boca de fresa.
B de A: El jinete se acerca tocando el tambor del llano.
A, B: El otoño, isla de perfil estricto.
A, B, B´: Yo soy nieve en las cumbres, soy fuego en las arenas, azul onda en los mares
A da B, B da C…: Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar a la mar/que es el morir
B: Una dura luz de naipe se recorta en el agrio verde.
· Sinestesia: metáfora en la que se usa un sentido para aludir a las sensaciones que corresponden a otro:
- El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.
· Símbolo: metáfora repetida en la obra de un autor.
– La luna (muerte) en Lorca.
· Metonimia: cambio semántico motivado por relaciones de causalidad, procedencia o sucesión:
Causa por el efecto: Le hizo daño el sol (el calor del sol)
Efecto por la causa: Respeto las canas (la vejez)
Instrumento por el que lo maneja: Es la mejor violín de la orquesta (violinista)
Lugar por el producto: Bebimos Jerez (vino de Jerez)
Autor por la obra: Subastaron un picasso (cuadro de Picasso)
Lo físico por lo moral: No tiene entrañas (sentimientos)
Signo por la cosa significada: Es un rojo (de izquierdas)
· Sinécdoque: la relación entre las partes es de coexistencia o contigüidad.
Parte por el todo: El pan nuestro de cada día (alimento)
Todo por la parte: Relucían las lanzas (metal)
Contenido por el continente: Se tomó dos botellas (el líquido)
Materia por la obra: Se cruzó con el acero (la espada)
El singular por el plural: El hombre es mortal (los hombres)
El plural por el singular: Ya lo hemos dicho (he dicho)
· Alegoría: la imagen se continua en el texto y va ampliándose.
– Jesús es el buen pastor, la humanidad su rebaño, la oveja descarriada el pecador…
· Eufemismo: perífrasis en la expresión para evitar un tabú. (Pipí)
· Disfemismo: perífrasis para mencionar algo de la forma más hiriente posible. (El cacas)
· Ironía: dar a entender lo contrario de lo que se dice. Si el objetivo es hiriente, se considera sarcasmo.
(Comieron una comida eterna, sin principio ni fin [no comieron nada]
· Antítesis: oposición de ideas contrarias para realzar la intención comunicativa.
– A florecer las flores madrugaron
Y para envejecerse florecieron.
Cuna y sepulcro en un botón hallaron.
· Paradoja: unión de dos ideas aparentemente irreconciliables pero que se complementan
(La música callada, la soledad sonora)
· Gradación: enumeración ordenada de pensamientos o elementos en sentido ascendente o descendente.
(Hablar, gritar, hacer la gran pregunta)
· Interrogación retórica: pregunta de la que no se espera respuesta porque todos la conocen, porque nadie la sabe o porque no se dirige en realidad a nadie..
(¿Serás, amor, un largo adiós que no se acaba?)
· Apóstrofe: exclamación vehemente dirigida a un receptor real o imaginario.
(Tú me levantas, tierra de Castilla, al cielo que te enciende y te refresca)
· Personificación: atribuir cualidades humanas a algo que no lo es (en las fábulas
· Hipérbole: exageración desproporcionada
(Tanto dolor se agrupa en mi costado que por doler me duele hasta el aliento):
·
La intertextualidad consiste en, dicho a la pata la llana, utilizar en una obra referencias a otras que el autor sabe que su público va a reconocer para así dar al texto una segunda lectura, homenajear un clásico o sencillamente guiñarle el ojo al espectador espabilado. La intertextualidad existe desde siempre en la Historia del arte, en cualquier disciplina, y durante mucho tiempo los autores se veían casi obligados a meter estas referencias aunque solo fuera para demostrar que dominaban el género que habían escogido.
Aunque la intertextualidad en obras que nos pillan alejadas en el tiempo nos puede parecer una chulería snob de lo más arrogante (las obras de Cervantes o Góngora están llenas de referencias mitológicas, literarias y grecolatinas pensadas para pasárselas por la cara a sus enemigos antes que para otra cosa), lo cierto es que vivimos una época donde la intertextualidad ha saltado a la cultura popular. Series como Los Simpson, Padre de familia o Robot Chicken, películas como Matrix y videojuegos como las series GTA o Max Payne buscan su razón de ser en los homenajes y guiños al espectador atento, a veces con referencias tan cerradas que bordean el chiste privado.
Incluso hay veces, en un doble salto mortal con tirabuzón, que esos mismos productos que se basan en la intertextualidad se referencian como intertextos en otros, como sucede en ese episodio en el que Peter Griffin arrea un portazo en la cara a Homer Simpson. O en ese otro en que Homer crea clones de sí mismo que incluyen una versión Simpson de Peter. Círculos dentro de círculos.
Existe también un tipo de intertextualidad indirecta en la que el autor no tiene consciencia de estar refiriéndose a una obra establecida.
En su libro Las criptas de la crítica: veinte interpretaciones de la Odisea, Núria Perpinyà lo explica así: la Historia de la Literatura no es la historia de los escritores, sino una mezcla de textos donde las fronteras temporales, nacionales e individuales se desdibujan. La literatura es el mosaico de todo lo que se ha escrito en el mundo desde sus inicios, y ese mosaico se alimenta de sí mismo absorbiendo palabras e ideas que ya han sido escritas para luego reescribirlas y transformarlas en textos nuevos. [...]
Pongamos un ejemplo: un crítico observa que en una canción pop sobre un emigrante que vuelve a casa hay un intertexto de Ulises, con lo cual no afirma que el autor haya leído a Homero, sino que en la canción está presente la historia del retorno a Ítaca. La pregunta es ¿cómo han podido llegar hasta la canción reminiscencias de un libro que el letrista no ha leído? Pues a través de la transmisión cultural: el letrista no ha leído a Homero, pero ha escuchado canciones sobre el regreso al hogar que han escrito compositores que habían leído libros sobre viajes que habían escrito viajeros que habían leído a poetas que habían leído a Homero.
Al hablar de la explosión que la intertextualidad ha tenido en los últimos años, la mayoría de los teóricos miran a Internet. Es cierto que la intertextualidad ha existido siempre, pero también es verdad que la educación obligatoria en los países desarrollados sumada a una cultura popular tan rica como la de la segunda mitad del Siglo XX (donde inventos como la tele, el cine o la radio distribuyeron información directa a millones de personas simultáneamente) ha llevado a que cada vez haya más gente capaz de pillar el chiste. Si ha aportado algo Internet es en realidad herramientas para que esa gente pueda además contarlo a su manera.
Los blogs, fotologs y sobre todo youtube han acabado creando una cultura paralela, muy inmediata y donde no es que pueda participar cualquiera, es que es casi obligatorio hacerlo. Un clip de minuto y medio que parece que no da para más que un chiste rápido por el pasillo se convierte en algo serio cuando TODO el mundo lo comenta. Esa foto que enlaza Pérez Hilton o el último trasto que cuelgan en Boing Boing puede hacerte sentir completamente desplazado cuando eres el único de la oficina que queda por verlo.
"Pork and beans" es el primer vídeo que veo pensado directamente para Internet y no para las televisones especializadas, hecho con y por los protagonistas de clips caseros que con los números en la mano tienen mayor difusión que la última película de Indiana Jones. Pero sobre todo, y a esto es a lo que vamos, es un vídeo pensado para gustar solo a quien sepa reconocer al niño de numa numa, aquel vídeo de Daft Punk con las manos, los experimentos con Coca-Cola y Mentos, al enormísimo afro ninja o a la miss que dijo aquello sobre los mapas. El que no sepa de qué estoy hablando ya sabrá lo que está haciendo con su ocio.
Uno de los temas recurrentes del folklore universal que más y mejor tradición ha tenido en Europa es el pacto con el diablo. Antes incluso de la llegada del cristianismo este tipo de historias circulaban vinculadas a cultos como el de Hécate, con una carga erótica más importante pero el mismo trasfondo: el deseo de tu corazón a cambio de un negocio con trampa.
Durante la baja Edad Media, las historias de brujas, aquelarres y pactos satánicos se consideraban un tema tan serio que se escribieron libros como el Malleus Malleficarum para que inquisidores y jueces locales pudieran identificarlas, procesarlas y ejecutarlas. Estos libros, escritos con un tono frío y desapasionado, obtuvieron aprobaciones y licencias reales hasta bien entrado el siglo XVII, tenían entidad legal en algunas zonas a pesar de no contar siempre con la aprobación de la Iglesia y planteaban el mero hecho de dudar de la existencia de estos pactos como prueba de herejía. Son bastante conocidas las investigaciones que encargó Felipe II sobre la brujería en Galicia, y si la Inquisición dejó de perseguirla en España fue porque durante el proceso de Zugarramundi se encontró ante la tesitura de tener que quemar a varios miles de mujeres si resultaban condenadas. Se decidió que ahí no había habido pacto con el diablo ni nada que se le pareciera, y desde ese momento no se quemó a nadie más.
La tradición española, tan realista y cotidiana ella, no tiene muchos ejemplos fantásticos o terroríficos ni en su vertiente culta ni en la popular. A pesar de eso, sí es fácil encontrar ejemplos de brujería o pactos con el diablo sobre todo a partir del final de la Edad Media, desde personajes como la Celestina a obras de teatro de Tirso de Molina como El burlador de Sevilla o, sobre todo, El condenado por desconfiado. En Las brujas y su mundo, Julio Caro Baroja hace un repaso de lo más completo sobre el tema en la literatura popular de la época y en la vida cotidiana.
Pero mucho más rica que la española es la tradición europea y anglosajona. La figura de la bruja crece hasta adquirir toques surrealistas en el caso de Baba Yaga: una anciana con los dientes de acero y una pierna de madera que come carne de niño, se desplaza sobre un mortero de cocina mágico y vive en una casa montada sobre una gigantesca pata de pollo.
La figura más importante relacionada con los pactos satánicos es la del Dr. Fausto: el hombre que vende su alma a cambio del conocimiento absoluto y/o la juventud. Con una levísima base histórica (un pobre hombre que vivió en Alemania a principios del siglo XVI, decía haber hecho un trato con Satán y cuyos perros se rumoreaba que eran demonios de incógnito), el mito de Fausto pasa de mano en mano hasta graduarse en la literatura culta. Ahí lo recogen Jonathan Spies, Christopher Marlowe y Goethe. Si para Spies y Marlowe Fausto es un símbolo del orgullo desmedido... para Goethe también, pero ese orgullo viene amparado por la filosófía romántica, lo que al final le justifica y salva.
La imagen del pacto con el diablo ha perdido gran parte de su fuerza a medida que la sociedad se ha ido secularizando. A día de hoy estas historias se repiten como metáforas de lo fácil que es para uno venderse y traicionar lo que una vez ha considerado bueno, que no es un mal tema así de partida, pero no le llega a la suela del zapato a las implicaciones de fuego eterno y condenación que tenían durante el primer Renacimiento. Muy a menudo además se infantilizan, con un pícaro en el papel de protagonista que acaba engañando al diablo y quedándose con todo. Sea como fuere, la tradición anglosajona sigue sacándole el mejor partido posible, ya sea mediante pseudoadaptaciones (los cómics de Demon o Ghost Rider, y digo los cómics, cuidado, que nadie me venga con que si la peli de Nick Cage), el subgénero vampírico en pleno, tramas que aprovechan el punto de partida (Las cosas cambian, tremendísima obra de David Mamet) y lo mejor de todo: su propia tradición popular.
La leyenda de cómo Robert Johnson vendió su alma a Satanás a cambio de la habilidad para tocar la guitarra como nunca antes había tocado nadie (leyenda que, por cierto, el mismo Johnson se encargó de extender a los cuatro vientos) es la piedra fundacional del blues desde que este se irguió como género. De ahí han salido infinidad de charlas de bar, un par de pelis horrendas, otro par bastante curiosas, el final de Guitar Hero III y esta maravilla de versión que los E-NOR-MES Primus hacen de un clásico de la Charlie Daniels Band. Dirige Mike Johnson, el responsable de La novia cadáver.
Todos en pie.