4 posts tagged “escritura”
Como esta semana no estaré en Madrid y toca andar pendiente de ocho cosas para que el viaje a Santiago no sea el último viaje a Santiago, el blog se tomará unos días de descanso hasta que las aguas se serenen.
Eso sí, con el examen de Lengua en el horizonte y un montón de huecos en el horario semanal tampoco va a ser cosa de dormirse. Hay pendiente un comentario de texto sobre La Regenta bien hermoso y cargado de imágenes, hay un trabajo sobre Bécquer que exigirá de vosotros algo más que escribir bien su nombre (y eso ya sería más de lo que alguno hizo en el último texto que recogí). Hay ejercicios de sintaxis almacenados en las etiquetas de la página como para ocupar dos vidas, aprovechadlos.
Para no dejar la página huérfana, aquí va un enlace donde el guionista y director Kevin Smith habla sobre su experiencia escribiendo borradores para una peli de Superman que nunca llegó a rodarse. El vídeo es un poco largo y los subtítulos no dan mucho de sí, pero ES KEVIN SMITH. Se le escucha cuando habla.
Bienvenidos todos a la Primera Semana Especial de Halloween en Demasiada Información. Durante los
próximos cinco días, desde hoy hasta el gran fin de fiesta del día 31, este vuestro blog irá dejando caer textos, ejercicios, recomendaciones locas y vídeos para celebrar el día más definitivamente guay del año con el rigor y criterio que se merece. Y sí, siempre serán textos breves, que estamos de cierrre en las revistas, pero, eh, tengo alumnos que se acojonaron leyendo La tejedora de la muerte. Siento que DEBO hacer esto.Hoy: recomendaciones.
Monográficos:
El cine de terror contemporáneo, Pedro Berruezo/John Tones. (La factoría) Teóricamente agotado pero fácil de encontrar en librerías de cómic y mercadillos, es el ensayo más lúcido, completo y desprejuiciado que se ha escrito en este país sobre cine de terror pocho. Corto y contundente, rastrea las fuentes de los monstruos modernos donde hay que buscarlas: en los cómics, la literatura pulp y la serie B. Un libro de cine de terror que cree en sí mismo.
Danza macabra, Stephen King (Valdemar) El libro más poderoso y sugerente de Stephen King no es una novela. Danza macabra profundiza en una pregunta bastante difícil de responder: ¿qué hay dentro de la gente que la hace poner dinero dinero encima de la mesa para pasar miedo durante un par de horas? ¿qué es eso que tanto nos asusta en la vida como nos atrae en el arte? King repasa la Historia del terror durante el siglo XX y de paso recomienda algunas de las ficciones más perturbadoras que se han parido en los últimos cien años. Seiscientas paginazas que se leen como si fueran... er... quinientas seteintaicinco.
Monstruos al final del milenio Sara Martín (Alberto Santos) Denso y quizás demasiado ambicioso, Monstruos al final del milenio pega un buen repaso a los grandes iconos monstruosos del cine, los cómics y la cultura pop. Que meta en el mismo saco (o casi) a Richard Nixon, Drácula y la versión Disney del Jorobado de Notre Dame puede chocar de entrada, pero acaba teniendo mucho sentido.
Ficción:
Soy leyenda Richard Matheson (Minotauro). Olvida esa cosa horrible con Will Smith y su perro, Soy leyenda es el libro más terrorífico y desasosegante que escribió uno de los escritores más tétricos y podridos que ha dado nunca el género. La enloquecida odisea existencial del último hombre vivo, enfrentado a una legión de vampiros que aún está aprendiendo a conocerse. El final del libro es un puñetazo en lo más sensible de tu humanidad, léelo con las defensas altas.
Zombi: guía de supervivencia Max Brooks (Berenice) da exactamente lo que promete, un catálogo de cosas que hacer y no hacer ante una cada vez más cercana y menos conspiranoica invasión de no-muertos. Aunque se queda corta ante la gigantesca Guerra mundial Z, Zombi es un libro para conocedores de los muertos vivientes que no se limita al guiño-guiño/codazo-codazo entre frikis del subgénero. Hay chicha, y, como dicen en el Focoforo, gana si se lee como si en lugar de un libro encuadernado se leyeran un puñado de fotocopias grasientas, ilustradas a mano, que un amigo te ha pasado después de imprimirlas de una web medio pirata.
Batman: Arkham Dan Slott y Ryan Sook [colección Arkham 12] Planeta. Warren White finge un rapto de locura para esquivar la cárcel y pasar su condena por fraude fiscal en un manicomio. Claro que, si vives en Gotham, una temporada en el asilo Arkham podría ser el peor de los castigos. Dan Slott, el guionista revelación del 2007, escribe una historia sórdida, llena de esas ironías terribles de los viejos cómics de la EC, donde personajes tan desgastados como Batman, Dos Caras o el Ventrílocuo parecen casi como de nuevo cuño. Atención a las portadazas de Eric Powell y al destino de la abuela de Humpty Dumpty. Urg...
Callaos.
La empresa British Telecom anuncia la posibilidad de que un chip de ordenador pueda grabar todos los recuerdos de una vida, desde el momento en que nacemos hasta el momento en que morimos. Cada imagen que han captado tus ojos chisporroteando en el interior de un trozo de metal.
Un comité de exploración espacial ha presentado sus planes para poner a la humanidad en Marte en el año 2025 por una décima parte de lo que cuesta el maltrecho y medio defenestrado plan de colonización de la NASA. De hecho, la NASA ha leído los planes del comité y ha anunciado que son mejores que los suyos.
Existe en el mercado un extraño aparato que puedes coger con una sola mano llamado "comunicador", y que no es otra cosa que un teléfono móvil por satélite global, máquina de fax, editor y receptor de mensajes de texto, servidor de correo y navegador de Internet. Aún no se puede adherir a tu pecho, pero dales tiempo.
La clonación ya es posible y los esfuerzos por dibujar el mapa del genoma humano han logrado grandes avances. Podemos escribir nuestros nombres en los átomos.
Ahora decidme: hoy en día ¿a quién no le gustaría escribir ciencia ficción especulativa?
Warren Ellis, una de las mentes más lúcidas del siglo XXI y el cerebro detrás de Planetary y Nextwave, en la introducción del primer volumen de Transmetropolitan. Volveremos a hablar de él.
A lo largo de los años he tenido alumnos que han querido enviarme cuentos suyos, poemas o ensayos para que los lea y les de algún consejo. Aunque de vez en cuando publique algo por aquí y por allá hace muchísimo que dejé la escritura profesional, así que suelo recibir estos encargos con una mezcla de agradecimiento y desconcierto ¿qué puedo decirles aparte de generalidades sobre estructura y diálogo? ¿qué puedo darles más allá de la opinión (por lo demás sincera) de alguien que en realidad ya no está ahí?
Con esto en mente, he decidido abrir una etiqueta donde pegaré, traduciré o transcribiré textos de gente que sabe lo que se dice. Escritores y guionistas, a veces amigos, que se ganan la vida con esto y cuyas palabras pesan. Todo lo que leerás son por supuesto opiniones, pero con un poco de suerte te ayudarán a entender el proceso creativo y te darán una perspectiva realista de los problemas a los que se enfrentan quienes se pagan la hipoteca a base de pegar palabras.
Mirando mis opciones, he decidido empezar con este texto del blog del Pianista en un burdel, un guionista español anónimo que durante dos años estuvo dando la clase de escritura más fresca e ingeniosa que he podido leer en la red, al menos en lengua española. Aunque el blog lleve meses cerrado, es una gozada repasar sus reflexiones sobre el funcionamiento del azar en la ficción, la serie de traducciones sobre preparación de specs y su teoría (absolutamente incontestable) de las mil primeras páginas. Aspirantes a escritores, juntaletras amateurs: es por aquí.
Y si después de escuchar a los que saben alguien sigue aún interesado en mi opinión sobre sus textos, mi mail está en el perfil. Que yo por mí encantado.
Una de las preguntas más irritantes, por simplistas, con las que se puede topar un escritor, es ¿de dónde sacas tus ideas? El lector medio disfruta de la ficción como de la música o de la comida. Pero el pedante medio intenta contar los árboles desde fuera del bosque, y se queda en esa pregunta. Una pregunta que jamás se le hace a un músico: ¿De dónde sacas esos acordes? ¿Cómo "se te ocurrió" pegar ese FA a ese SI bemol? Pero a nosotros se nos piden explicaciones sobre el origen de las retorcidas ideas con las que hacemos nuestro trabajo: incestos, experimentos genéticos, crionizaciones, viajes en el tiempo, muertos que parecen vivos que en ocasiones ven muertos... La respuesta que más me gusta a la pregunta ¿de dónde sacas tus ideas? es la de David Mamet: las pienso.
Pero eso no le sirve al pedante medio, al cinéfilo. Y se refugia en ese tópico que todos ustedes conocen: los artistas están locos, se les va la olla, son unos iluminados. Un tópico que deviene con facilidad en "esos se meten de tó". Yo opino que los autores y actores no se meten ni la décima parte que algunos ejecutivos y algunos maquilladores. Y no digamos ciertos periodistas de cotilleos. Claro que todos ellos juntos no se meten ni la cuarta parte de las sobras de lo que se meten determinados cirujanos maxilofaciales y pilotos de aviación. Pero claro, son opiniones.
Resumiendo: que hay mucho mito.
Pero dicen que cuando el río suena, agua lleva. Por mi propia experiencia, puedo decir que cuando el río suena, apenas es un arroyuelo, poco más que una meada. Pero sí, parece que algo gotea. No estoy de acuerdo con la idea de que un guionista es un zumbao, pero sí acepto que no somos del todo normales, sea lo que sea eso. Y lo llevo a gala.
Porque nuestra supuesta locura sólo es, en realidad, una manera especial de relacionarnos con la segunda ley de la termodinámica, cuya definición viene a ser: la entropía de un sistema siempre tiende al máximo. En cristiano: todo tiende a complicarse. La existencia consiste en un imparable camino hacia el caos.
El común de los mortales, la gente normal, tiende a negar tácitamente un concepto tan inquietante. La gente normal tiende al estado de mínima energía. Evita el conflicto. Pero los guionistas vivimos del conflicto. Nos gusta la segunda ley de la termodinámica. Nos atrae jugar a calcular sus efectos, a imaginar cómo se puede complicar una cosa aparentemente simple: cómo la decadencia pudre las mejores familias; cómo la ambición corrompe la moral y los principios, pero deja intacto el atractivo; cómo uno tropieza infinitas veces en la misma piedra, y además confundiéndola con una piedra distinta.
Amigo guionista: si la gente que disfruta con tu trabajo quiere llamar a tu talento locura o excentricidad, brindemos por ello. Desmiéntelo si quieres, aunque perderás el tiempo. Pero nunca, bajo ningún concepto, intentes curarte. Tu locura no es una enfermedad. Nunca te hará daño. Basta con que consigas disimularla los domingos y fiestas de guardar delante de tus suegros, tus tías políticas y tu cuñado el de derechas.
Y si te agobia ser tan excéntrico, alíviate compartiendo con otros tarados tu menú de chaladuras. No sólo tus ideas geniales, sino también toda esa guarnición de chistes malos, manías inexplicables y actitudes absurdas que necesitamos para no volvernos locos de verdad y empezar a hipotecarnos y a soñar con coches potentes, y a considerar un adosado como una opción seria.
Aquí van algunas de mis pequeñas locuras:
- Dar siempre un gran rodeo para volver a casa.
- Ver por trigésima vez mis películas favoritas aunque tenga pendientes diez deuvedés prestados.
- Aplazar indefinidamente las llamadas importantes, mientras envío eseemeeses con chistes malos y juegos de palabras.
- Grabar groserías en mi mensaje del contestador.
- Tener siempre media docena de libros a medio leer.
- Apuntarme cosas en la mano, a pesar de llevar siempre una libreta en el bolsillo.
- Empeñarme en hacer las cuentas de cabeza, hoy en día, que todos los móviles traen calculadora.
- Intercambiar salvajes puñetazos con mis amigos, pero sólo en el brazo y a ser posible en público.
[...] - Hacer todo tipo de predicciones con arrogante seguridad: he comprobado que si aciertas todo el mundo te admira, y si fallas casi nadie se acuerda.
ACTUALIZADO: Pianista ha reabierto el blog. Hacedle sitio en favoritos ya, es una orden