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Con la llegada de la televisión, la industria del cine tuvo que buscarse la vida para ofrecer a los espectadores una razón suficiente para salir a la calle a ver lo que podían ver ya gratis en la comodidad de sus casas. Los años 50 son una década demencial rica en productos de serie B rebosantes de clase y maneras (Yo fui un hombre lobo adolescente, La invasión de los ladrones de cuerpos, El hombre con rayos X en los ojos... ¿pero qué demonios le ha pasado a la industria del cine los últimos cincuenta años? ¿en qué momento se salió del buen camino?) así como de ingeniosos gimnicks que intentaban hacer de la experiencia de ir al cine una actividad mucho más interactiva y completa. Gafas de 3D, pantallas panorámicas, regalar seguros de vida universales por si los espectadores de los autocines no conseguían sobrevivir al susto de la segunda bobina, dejar caer sobre el público esqueletos de goma en los momentos clave, odoramas... y "percepto".
William Castle fue un director y showman que anticipó a Roger Corman al producir películas de terror de bajísimo presupuesto, rodadas en fines de semana y con trucos chuscos para implicar al espectador durante la proyección. Con su retórica a lo P.T. Barnum y cierto espíritu de maestro de pista de feria ambulante, Castle afrontaba los rodajes como una parte secundaria de la experiencia global de IR AL CINE, donde lo gordo de verdad sucedería en el patio de butacas, con actores disfrazados que interrumpían la proyección para anunciar ataques rusos, invasiones extraterrestres o catástrofes nucleares de setenta pies. Todo lo que se viera en pantalla iba al servicio de lo que pasara entre los asientos, y no al revés.
Lo cuenta David J. Skal en el algo mediocre pero con momentos Monster Show: una historia cultural del horror, que acaba de sacar Valdemar:
The tingler estaba construido en torno a otro sensacional truco de Castle, el "percepto". El tingler es una criatura imaginaria similar a un ciempiés que puede fundirse con la espina dorsal del ser humano en momentos de miedo abrumador. Sólo un grito puede disiparlo.
Un hilo argumental algo confuso, con una mujer sordomuda que evidentemente no puede gritar, permite que un tingler se separe de su cadáver y corra hacia el público. En el momento culminante, la propia película parece saltar del proyector y romperse mientras la sombra del tingler aparece proyectada en la pantalla como si el monstruo pasase por delante del foco. La voz de Vincent Price anima al público a gritar por su vida, en ese momento el cine queda completamente a oscuras y se pone en marcha el percepto.
Percepto no es otra cosa que una serie de vibradores eléctricos unidos a la parte inferior de las butacas que "cosquillearían" a los desprevenidos espectadores. [...] Los trucos de las películas de horror otorgaron al público un necesario sentimiento de contacto, relación y reconocimiento. La sensación dominante era la piel de gallina, pero al menos era una sensación.
Hoy se estrena Los cronocrímenes en este país de Dios, para los que durante este tiempo nos hemos acercado de una manera u otra al proyecto no hay un España-Alemania que pueda competir con esto.
Paradojas temporales y canciones de Blondie. Hace dos años ni siquiera me gustaba Blondie. Esos cardados...
Absolutamente desconocido para la gran mayoría del público occidental, Syuzmultfilm es uno de los estudios de animación más arriesgados y visionarios que ha habido jamás en Europa.
Fundado en los años 30, produjo la mayor parte de los cortos y animaciones de la antigua URSS y su influencia se puede rastrear hoy en productos tan distintos como Bob Esponja o Legend of Zelda: Phantom hourglass.
Debido a las características de la economía comunista y a la nula competencia, Syuzmultfilm pudo permitirse experimentos que para un estudio americano o japonés hubieran supuesto un suicidio comercial. Así, la mayoría de los cortos son adaptaciones de cuentos infantiles, sin casi violencia pero a menudo profundamente perturbadores, con técnicas que van del collage a las témperas y tramas que suelen incluir viajes, aventuras y elementos mágicos, todo con una honestidad inimagible hoy en un producto infantil (que no sea Pocoyó).
Mis cortos favoritos de la productora son las adaptaciones que hicieron de Winnie Pooh: Винни-Пух. Vinnie Pookh, con la voz del tremendísimo Genia Leonov, es un personaje mucho más aventurero (y también algo más pocho) que el de la versión Disney, más parecido al original de A.A. Milne. Tuvo un éxito espectacular entre los niños rusos y, sí, no tiene piernas.
Pero su amigo cerdo va armado, así que pocas bromas.
Si en 2004 preguntabas a cualquiera que trabajase en el raquítico mundo del cine español quién tenía todas las papeletas para sacar adelante el proyecto que le diera la gana te hubiera respondido sin dudarlo que Nacho Vigalondo.
Con su nominación al Oscar debajo del brazo, un talento desbordante y una cara dura de granito, los que hemos seguido el progreso de Los cronocrímenes desde el inicio hemos sido testigos del lento caminar de Nacho para juntar los cuatro duros que ha costado la película, su paso por los festivales de cine más arrastrados y de ahí a los más prestigiosos consiguiendo en todos arramplar con cuanto premio estuviera disponible. Pero sobre todo, y esto es lo más sorprendente del asunto, hemos visto cómo ninguna distribuidora ni empresario español hacía puñetero caso de una de las cosas más gordas que le han pasado al cine de este país en los últimos treinta años. Por lo menos.
Es difícil contar algo de Los cronocrímenes sin destrozarla totalmente, y muy probablemente todo el ruido que se está haciendo en la red en torno a la película puede perjudicarla en su estreno. Cronocrímenes es una película inesperadamente humilde, con cuatro personajes, tres escenarios y un monstruo que no deja de ser un tipo con un abrigo viejo y la cara envuelta en papel de water rosa. Los viajes en el tiempo que estructuran la película nunca son de más de un par de horas en el pasado, la máquina del tiempo parece una máquina de hacer quesos y el científico loco es un becario superado por las circunstancias.
Partiendo de aquí, Nacho articula una película en tres actos medidos al milímetro: el primero es una película de terror en toda regla, el segundo una comedia negra negrísima de Berlanga que tira de los mismos mimbres que se usaron en el primero. El tercer acto es tan crudo y desolador que casi parecería una película diferente si no fuera porque absolutamente todos sus componentes parten de elementos que se han estado viendo desde la hora diez anterior. Y no me refiero a detalles disimulados en una esquina del plano o a cualquier otro recurso casposo en la línea lo-tenías-delante-y-no-lo-supiste-ver, me refiero a pistas realzadas, subrayadas con una valentía pasmosa que solo se puede permitir quien tiene una seguridad absoluta en la historia que cuenta. En Los cronocrímenes hay exactamente el doble de giros que de personajes. Y unos huevos toreros
¿Todo esto a cuento de qué? y sobre todo ¿por qué ahora?
1) En primer lugar Cronocrímenes ha conseguido por fin fecha de estreno en España, el 27 de junio, lo que la convierte en la película más gorda que se va a estrenar por aquí este verano (venga, ¿quién va a hablar de Indy IV dentro de seis meses? Seamos serios)
2) En segundo lugar, Nacho y Producciones Arsénico han puesto en marcha una búsqueda del tesoro on-line de LC con premios de los chulos y no participar es de pobres y melindrosos. Conque vosotros sabréis.
3) Nacho es uno de los dieciséis titanes que escriben en MondoPíxel, a la venta el 30 de este mes. Y el único que sabe hablar sobre Portal como si de verdad lo hubiera jugado.
4) Ayer se estrenó esta maravilla de Ángela Armero, y siento mucha pena por todo el que se pierda su interpretación. Sale Fran Perea, cuidao.
5) Si hay alguien que todavía no sepa lo que el cine de este país se juega con LC, que eche un vistazo a estos cortos y luego me dice:
Pensado originalmente como un proyecto teatral de bajo presupuesto, Richard O´Brien consiguió de alguna manera engañar a los ejecutivos de Fox para que produjeran una versión cinematrográfica de RHPS.
Con un presupuesto ínfimo (atención a los primeros planos, a los sucios trucos de colocar la cámara angulada, a los escenarios vacíos y al atrezzo casposo), actores sin experiencia y unos efectos especiales hechos a partir de celuloide caducado, la película venía a desarrollar de manera bastante fiel el argumento original.
Que venía a ser esto:
Brad Majors y Janet Weiss son dos jóvenes conservadores, novios de toda la vida, que acaban de decidirse a atar el lazo de una vez por todas.
De regreso a su casa después de la boda de unos amigos, su coche se avería y deciden acercarse a pedir ayuda al tenebroso castillo que ven a lo lejos. Pero hete aquí que ese castillo es el hogar del Dr. Frank-N-Further, un científico loco alienígena y travesti que en su búsqueda del secreto de la existencia ha decidido construir al Hombre Perfecto: Rocky. Con ayuda de sus criados Riff-Raff y Magenta, secuestra moteros para extirparles el cerebro y utilizarlos para sus sacrílegos planes.
Lo que viene a partir de aquí entra en el terreno del spoiler más absoluto y eso no gusta nada ni en esta página ni en el aula. Dejémoslo en investigaciones criminales, una invasión alienígena, zombies redivivos, mucho enredo en la línea "escóndete en el armario mientras guardo el rayo mortal y que no te vea mi marido mientras" y un final devastador de lo más inesperado. Con canción melódica entre medias.
Qué demonios, aquí va otro de los números musicales. Si las palabras motero zombie que quiere recuperar su cerebro no os electrizan es que estáis todos muertos:
Como os habréis imaginado, con semejante trama, unos medios de derribo y la ambigüedad sexual como tema de fondo la película fue un fracaso cantado y atronador. Durante unos meses.
Al año siguiente de su estreno, unos exhibidores de New York pasaron la película en sesiones de madrugada. La gente empezó a acudir al cine, y lo que es más importante, volvía. Con sus amigos.
Poco a poco la noticia de que había una peli loca en los cines de sesión golfa que HABÍA QUE VER se extendió por la ciudad y la gente empezó a ir a los pases disfrazada de los personajes. Y luego, una noche, saltaron a la platea a bailar los números musicales, a recitar los diálogos...
En un mundo con Youtube, cosplay y estrenos con frikis vestidos con pijamas de Chewbacca cuesta entender el bombazo del RHPS, que sigue exhibiéndose ininterrumpidamente desde 1976 y donde están las claves de muchos de los fenómenos que he mencionado antes. Sin ánimo de profundizar, digamos que los fans han hecho de participar en la película una liturgia, y así:
* Hay que reventar un globo cuando los lábios de los créditos digan: "but when worlds collide"
* Tirar arroz cuando los novios salgan de la iglesia
* Cuando Brad y Janet salen del coche bajo la tormenta hay que cubrirse la cabeza con un periódico y disparar pistolas de agua a los otros espectadores
* Cuando Brad y Janet cantan "There´s a light" hay que encender linternas y apuntar a la gente.
* Cuando Frank explica su plan hay que soplar matasuegras y agitar carracas.
* Cuando Frank presenta a Rocky hay que ponerse guantes de goma y estrujarlos.
* Cuando Rocky y Frank van a la suite nupcial hay que tirar confetti.
* Cuando Brad grita "¡Gran Scott!!" hay que lanzar rollos de papel higiénico por todo el cine.
* Cuando los personajes cantan a Rocky "cumpleaños feliz" hay que ponerse gorro de fiesta. Y cantar, claro
* Cuando Frank canta "Did you hear a ring?" hay que tocar una campana.
* Hay que lanzar cartas al aire cuando Frank canta "I´m going home"
Y sobe todo hay que escuchar esta cancionzaca de los títulos de crédito. Una obra de amor a la ciencia ficción y a la serie B que pone los pelos de punta y que hace que a uno le entre la risa cuando oye que una cosa tan para madres como Los Simpson es una serie de culto. Sí, ya.
También en la literatura expresionista aparecen como temas destacados la guerra, la urbe, la fragmentación, el miedo, la pérdida de la identidad individual y el fin del mundo. Sin embargo, no podemos obviar tampoco temas como la locura, el amor, el delirio y, cómo no, la naturaleza. La estética burguesa queda relegada por una "estética de la fealdad”. Ningún otro movimiento hasta la fecha había apostado de igual manera por la deformidad, la enfermedad y la locura como el motivo de sus obras.
Entrada del Expresionismo en la wikipedia